Educación, no deportación

To read this post in English, press HERE.

 

Mientras el presidente Obama se dirigía a cerca de 3000 graduandos de Miami Dade College en un discurso, afuera del edificio un grupo de estudiantes, también universitarios, muchos de ellos indocumentados,  entonaban consignas tales como ¡Educación, no deportación! Estaban vestidos de negro, rayadas sus ropas con cinta adhesiva de color claro, imitando el tradicional uniforme de presidario.

 

Las dos actividades, dentro y fuera del edificio, no me resultan  contradictorias.  Para nada.  Más bien, una es el complemento lógico de la otra.  Adentro, la voz oficial en el formato igualmente oficial del discurso de graduación declaraba su apoyo al Dream Act y la importancia de establecer un mecanismo legal y legítimo que provea un camino hacia la ciudadanía; afuera, las voces juveniles e indocumentadas usaban el formato más teatral del performance para recordarle a Obama, y al país, que hoy por hoy, los estudiantes indocumentados son tratados como criminales, aunque no lo sean.  Sobre ellos y ellas se cierne, constante, la amenaza de la deportación.

Lo interesante y triste del mensaje de criminalización implícito en el status ilegal que aún se le asigna a estos estudiantes es que… ¡están estudiando! Considere lo siguiente: La compleción de un grado de escuela superior reduce drásticamente las probabilidades de que un joven se convierta en delincuente.  Un grado universitario, más aún.  (Pulse aquí y aquí para ver algunas estadísticas.)

De modo que al final del día, si algo están haciendo estos muchachos, es alejándose del crimen.  Ya es hora de que la política pública y la ley federal los reconozca no como parte de la esfera de “lo criminal”, sino como parte de la mejor apuesta posible que puede hacer el país: El mejoramiento de la oportunidad y el éxito educativo.

Comentarios cerrados.