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Pedro es un niño curioso e inteligente. Sin embargo lee poco, y lee mal. Durante varios años, el asunto parece no importar demasiado. Después de todo, el chico sigue haciendo su trabajo escolar más o menos bien, y pasando de grado regularmente. Hasta que llega a noveno grado, y su falta acumulada de destreza se traduce en fracaso, su fracaso en frustración, su frustración en deserción, y su deserción en dificultades terribles para obtener empleo en una economía difícil.
Su hermana Teresa, por su parte, tiene excelentes notas y se gradúa con honores de su escuela superior. Esa escuela, como tantas otras, tiene insuficiencias crónicas de presupuesto y de personal. De modo que Teresa no recibe mucha orientación acerca de la universidad; tal vez un recordatorio sobre el SAT y un par de boletines. Pero no sabe bien qué buscar, ni cómo hacerlo, y termina asistiendo a una institución privada, poco selectiva, porque le queda cerca de su casa y tiene cursos en línea. El costo por crédito resulta ser muy alto; el apoyo para los estudiantes, en contraste, muy bajo. Para ayudarse, consigue un trabajo, solicita préstamos estudiantiles…y a la larga deja sus estudios, quedando endeudada y sin diploma.
Pedro y Teresa son, estrictamente hablando, ficticios. Pero sus historias no lo son, y ellas ilustran uno de los mayores problemas que enfrenta Estados Unidos: Las brechas educativas.
¿Qué queremos decir con “brechas”? El término, del inglés “gaps”, se refiere a diferencias significativas en oportunidad y logro entre grupos o sectores, como por ejemplo:
Podría seguir, porque lamentablemente la lista de ejemplos como éstos es larga. Pero usted me entiende. El punto es que hay unas brechas que afectan negativamente a los Latinos y que implican un acceso menor a la oportunidad educativa. Las estudiamos usando cosas como bases de datos y estadísticas; las describimos con números, porcentajes, proporciones. Pero lo cierto es que estas brechas son muy reales, y que se sienten muy reales. Son grietas en el camino hacia el futuro, abismos que aparecen sin aviso en las vidas y comunidades que ven sus opciones encogerse y sus talentos desperdiciarse. En vidas como las de Pedro y Teresa, y también las de sus padres, sus vecinos, sus familiares, su comunidad.
Las brechas son reales, pero no inevitables. En el blog Cerrando Brechas las discutiremos con frecuencia. ¿Cómo son? ¿Cómo se generan? ¿Qué están haciendo, y qué no están haciendo, nuestros líderes políticos para atenderlas? ¿Y las escuelas, qué están haciendo, y que podrían hacer? ¿Y los maestros y consejeros, qué están haciendo, y qué pueden hacer?
Igualmente importante, ¿qué puede hacer una madre preocupada, un padre consternado, una abuelita que quiere ayudar, o un estudiante motivado, para mejorar sus probabilidades de salir adelante y consigo sacar adelante un poco más a la comunidad Latina?
Ojo, que el problema de las brechas educativas no afecta solamente a los hispanos. Los afroamericanos tienen números muy parecidos. Los jóvenes de escasos recursos económicos, también. Políticos de ambos partidos principales han dicho que la educación es el problema de derechos civiles más importante del siglo. Y la cosa va más allá: Estudios económicos recientes estiman que el impacto de las brechas educativas sobre la economía de Estados Unidos es equivalente a una “recesión nacional permanente”. Está claro que dejar tantos estudiantes sin alcanzar su potencial educativo no es bueno para nadie. Es malo para todos. Es fatal para el país.
Cerrar las brechas, y mejorar la oportunidad educativa para todos nuestros estudiantes, de todas nuestras comunidades, de todos nuestros sectores sociales, es una excelente idea desde cualquier punto de vista: Ético, social, y económico.
¡Bienvenidos a Cerrando Brechas! Recuerde compartir sus opiniones, preguntas, ideas e historias en los comentarios. También puede escribirme directamente a: rima@edtrust.org.
Hola! yo tengo a mi hijo ya yendo a 2do grado! le leo tanto en ingles y espanol todos los dias antes de irse a dormir, cuando entro a primer grado su nivel de lectura era superior al de la mayoria de sus companeros, de unos 18 solo 3 tenian el mismo nivel de lectura que el, cuando termino su primer grado su nivel de lectura era el de un nino mas o menos terminando su segundo grado. Participaba en la escuela y me di cuenta que sus companeros latinos aunque son pocos, no tienen el apoyo de sus padres, no asisten a la escuela, no participan como voluntarios, no los ayudan ni motivan a leer como se los piden diariamente. Si bien es cierto que ellos “van a aprender” a la escuela el apoyo de sus padres dentro y fuera de la escuela es primordial para lograr que estas cifras cambien! tenemos que cambiar la mentalidad.
Saludos, Janet! Estoy de acuerdo, los padres podemos hacer mucho dentro y fuera de la escuela. Muchas gracias por pasar, leer y comentar.